En muchas ocasiones, los instaladores escuchamos frases como: “si pongo aerotermia gastaré mucho menos”, “con mi fotovoltaica pagaré menos luz”, pero en ocasiones el ahorro no es tan grande como se imaginaban en un inicio.
Esto se debe a que la mayoría de las personas creen que el consumo de una vivienda depende únicamente de los equipos que instala, pero existen numerosos factores que influyen de manera importante en el rendimiento de estos, además de afectar de manera directa en el propio consumo.
Por tanto, hay que concretar que el consumo real lo marca el balance energético de la vivienda, no los equipos.
Este concepto de balance energético se define como el equilibrio entre la energía que entra y sale en una vivienda.
Si tu casa pierde más energía de la que gana, cualquier sistema que instales —incluidos los sistemas renovables más eficientes— trabajarán de más.
Pero ¿cómo gana y pierde energía una vivienda?
Algunas de las causas pueden ser:
- Ingresos energéticos:
- Radiación solar (a través de ventanas y cerramientos)
- Calor interno (personas, electrodomésticos, iluminación)
- Equipos eficientes que aportan energía con poca electricidad
- Ventilación con recuperación de calor
- Gastos energéticos:
- Pérdidas por aislamiento (muros, cubierta, ventanas)
- Infiltraciones de aire (juntas, huecos, cajas de persiana)
- Ventilación sin recuperación
- Puentes térmicos
-
- Demandas elevadas por mala orientación
Lo que implica esto es algo que no siempre se explica y es que, debido a estos factores que hemos comentado, dos casas en la misma ciudad y con los mismos equipos pueden consumir el doble o la mitad, dando rendimientos totalmente distintos debido al balance energético.
Por ejemplo, una casa con un mal aislamiento y con infiltraciones frente a otra con buena envolvente puede presentar una diferencia en la factura puede de entre un 30 a un 60 %, ambas contando con las mimas instalaciones.
Como hemos mencionado anteriormente, los principales aspectos que se deben tener en cuenta para valorar el balance energético son:
- Aislamientos y cerramientos: Paredes bien aisladas, ventanas de doble o triple cristal
- Infiltraciones: corrientes en invierno, puertas y ventanas mal selladas…
- Ventilación: Extracción continua de aire, ventilación natural durante todo el año.
- Demanda de calefacción: orientación, cantidad de superficie acristalada y altura de techos.
- Aportaciones internas: cantidad de electrodomésticos e incluso de personas.
Muchos de estos aspectos necesitan de una reforma para ser mejorados, y no siempre dicha reforma es una opción viable.
No obstante, se pueden realizar algunas acciones que no impliquen mayor complicación y que mejoren nuestro balance. Algunas de ellas pueden ser:
- Ajustar la curva climática correctamente: Una curva bien ajustada puede reducir entre 10 y 25 % el consumo de calefacción.
- Reducir infiltraciones: Ajustando herrajes de ventanas o sellando pequeños huecos detectados.
- Mejorar el comportamiento solar: usando estores o toldos que nos permitan dejar entrar el sol en invierno y evitar su entrada en exceso en verano.
Y algunas mejoras que si implican algún tipo de reforma:
- Ajustar emisores para trabajar a impulsiones más bajas: cuanto mayor sea el emisor en superficie (suelo radiante, por ejemplo) menor temperatura necesitará para trabajar y menor consumo.
- Ventilación eficiente: La instalación de una unidad de doble flujo con recuperación puede cambiar por completo el balance.
Y por último la instalación fotovoltaica, que no mejora el balance térmico de manera directa, pero compensa el consumo.
Por tanto, no hay instalación eficiente sin un buen balance energético.
Da igual la marca, la potencia o la tipología de instalación.
El concepto del balance energético es el punto de convergencia entre ingeniería, sostenibilidad y ahorro y todos esos aspectos son clave para aumentar el confort, reducir facturas y aumentar la vida útil de equipos y de nuestra propia vivienda.


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